Historias de volcanes (anécdotas para aprender)

29 de Septiembre 2017

Hace años podía decir "Acatenango: 5 ascensos, 30 o más a otros volcanes", eso se convirtió en perder la cuenta, pero no se pierde lo aprendido. Guatemala es tierra de volcanes, acá van varias anécdotas, algunas cómicas, algunas penosas sobre el aprendizaje. Comenzaré con las más cómicas hasta las más graves. Y sí, lo más importante está al final.
Historias de volcanes (anécdotas para aprender)
1. Gimnasio. Digan lo que digan, un gimnasio no te prepara para el volcán. Como todo ejercicio de larga duración, la caminata empinada castiga músculos y ligamentos específicos, no puedes pretender ir al gimnasio, o caminar/correr en plano y pensar que ya estás preparado. Recuerdo varias anécdotas donde los "titanes" que levantaban pesas terminaron vomitando en los primeros 15 minutos de caminata.

2. Es un deporte específico. Igual que el punto anterior, depende de ejercicios específicos. No puedes esperar subir un volcán porque haces mucho ciclismo, o porque haces natación y "tienes aire". Recuerdo haber entrenado ciclismo y subir el volcán solo para regresar con dolor de rodillas (igual que varios colegas en otros viajes). El montañismo se traduce en mucho impacto en tus rodillas, y el ciclismo es un deporte que no implica impacto en tus extremidades. (Ni hablemos de natación).

3. Lleva siempre un guardadito. Consejos de abuelita: no lleves todo el dinero en el mismo lugar. Pues eso, una vez nos robaron y nos quedamos sin dinero, ni teléfonos celulares, nada. Son cosas que pasan, y si estás pensando Guatemala = peligroso, date una vuelta por las historias de robos en el parque Yosemite de Estados Unidos.

4. Lleva buena linterna, baterías extras y protégelas del frío. Qué puedo decir, llevar linterna solo para andar a oscuras en el frío, suele pasar. El frío baja la carga de las baterías, si no llevas extras no sirve de nada tu linterna.

5. Radios. De las mejores lecciones de montaña, si vas en grupo lleva radios de telecomunicación que te ayudarán en caso de emergencias. En una ocasión tuvimos que dividir el grupo porque un amigo tuvo una emergencia, poder coordinar dos grupos fue muy buen logro.

6. Aclimatarse. Estadísticamente, el mal de montaña comienza a afectar al promedio normal de humanos a los 2,600 metros sobre el nivel del mar, a algunos no les afecta, a otros sí. El que hagas ejercicio no significa que estés preparado, acá es un tema de aclimatación, que tu cuerpo esté acostumbrado a trabajar con menos oxígeno. Esto puede afectar a las personas de forma distinta, desde dolores de cabeza, agotamiento, sofocamiento hasta vómitos y mareos, desvanecimientos, etc.

7. Da un estimado para tu hora de retorno, evita ir solo. ¿Evita ir solo? varios hemos pecado subiendo volcanes en solitario. ¿Te cae un rayo? ¿te fracturas? ya ni de chiste. Es siempre importante que alguien más esté enterado de tu viaje, ruta y estimados de retorno con horas específicas de chequeo (avisar "ya estoy en la cima") créeme es importante. Cuando te pierdes o pasa algo malo, una hora puede ser eterna, especialmente con frío y mojado allá arriba.

8. Lleva el calzado apropiado. En más de una ocasión hemos visto zapatos deshacerse y desarmarse por completo, especialmente por efectos de la lluvia. Algunos no tuvieron tanta suerte y el calzado aguantó (era nuevo) pero provocó una serie de ampollas y llagas, no subas con calzado nuevo.

9. No creas todo lo que te dicen, desconfía. Procura medir a quienes viajan contigo, en una ocasión subimos con una amiga que tenía orden médica de cero impacto, sus rodillas estaban en muy mal estado con consideración de cirugía. No nos dijo nada y el viaje al volcán de Agua terminó siendo una pesadilla. Sus rodillas no fallaron de inicio sino más allá de la mitad. Ni qué decir que el viaje se arruinó por completo.

10. El clima... Aquí prácticamente te la juegas. Recuerdo que para mi 10mo ascenso al Acatenango solo había gozado de 1 ascenso con cielo azul despejado (independientemente de lo que decía la predicción del clima. Siempre, siempre lleva un impermeable.

11. Que alguien conozca la ruta. No importa si eres tú o acaso otra persona, ir al volcán sin conocer es mala idea. ¿De tontos? ¿Imposible? nos hemos encontrado grupos perdidos, con hambre, sed, y algunos pelados unos con otros. Suele suceder.

12. Aprende a armar BIEN tu carpa

Este consejo y anécdota merece un apartado propio. Todo lo aprendido es útil, pero este punto me parece muy especial. Hace años cuando subíamos al volcán contábamos al grupo y por cada 4 decidíamos llevar una carpa. ¿Ocho personas? dos carpas. Quién la llevaría no importaba, solo asignábamos y ya. Por las malas aprendimos que en una carpa de 4 pueden caber 8 y dependiendo la necesidad hasta uno más, apretados y en ocasiones especiales medio sentados.

Una carpa mal armada es una carpa menos. Se mojan, se rompen o simplemente se desarman. Con fuertes vientos olvídate de la carpa. Aprende a pensar en equipo, no puedes decir "no es mi problema", si a los vecinos se les va volando la carpa: te irán a pedir posada y entrarán mojados seguramente. Que TODOS estén cómodos y seguros en sus respectivas carpas es trabajo de TODOS.
Así fue como aprendí a que sin importar cuántos subimos: yo siempre llevo mi propia carpa para 4 personas.
"Sí pero las carpas pesan". Claro que sí, y si te preocupa es porque no tienes el entrenamiento físico apropiado para cargarla, o para asistir a alguien en caso de emergencia. Hemos subido ya en parejas y cada uno con su carpa aunque solo usemos una al final. Nunca... nunca me he arrepentido de esta práctica, igual si no la usas te sirve de ejercicio cargarla.

13. Lleva la comida apropiada. Que sí, hemos llevado cosas complicadas para cocinar, pero lo principal son los carbohidratos. No siempre tendrás tiempo y recursos para cocinar allá arriba, lleva algo práctico, y si tienes años subiendo y quieres arriesgarte con algo complicado, llévalo, pero siempre incluye cosas complementarias que te saquen de penas.

14. Bolsas. Por las malas aprendimos a separar la ropa, calcetines, comida y bebidas. Entre más compartimientos tenga tu mochila mejor, y si es impermeable mejor, pero igual considera meter las cosas en bolsas plásticas separadas (cámaras, baterías, dinero, llaves, llavero con alarma del carro, etc). En varias ocasiones que ascendimos llovió todo el camino de subida y de bajada, no se detuvo la lluvia ni un momento.

15. El volcán no es un parque de diversiones. Muchas cosas pueden salir bien, y otras mal, recuerda que en los volcanes han dejado la vida algunas personas así que iremos con respeto. No es cosa de niños y con esta luz comprenderás por qué algunos consejos o lecciones pueden ser tan duras. Ahora veo hacia atrás varias experiencias donde podríamos haber dejado la vida también, menos mal el Creador decidió lo contrario.

16. Saber a quién invitar. Quizá la lección más valiosa aprendida en tanto viaje es saber a quiénes invitar para subir al volcán. En un momento todo puede cambiar: temperatura, clima, perderse, quedarse sin comida, o incluso que ronquen como bestias salvajes y se hace imposible dormir en la carpa (sin olvidar los que llegan sin carpa y hay que darles posada). A veces la montaña puede poner a prueba a las amistades.

Los volcanes te enseñan a conocerte, a conocer a tus amigos y verás cómo aspectos leves de sus personalidades se amplifican, como su egocentrismo o cordialidad, su "yo primero" o "somos un grupo", en especial las razones por las cuales se asciende, esto te lo confirmarán los años y si pones suficiente atención recordarás las historias como son. Lo mejor de subir volcanes además de la condición física: es explorar el concepto de "nosotros", pensar en grupo, pensar en equipo.
Conclusiones:
¿es peligroso subir volcanes? sí.
¿es peligroso subir volcanes? no.
Nunca estaremos 100% preparados para un volcán porque aunque ya hayas ascendido, el volcán no es el mismo en tu siguiente viaje, y tú tampoco. El volcán es duro, agresivo, peligroso, sí. Pero desde el momento en que aceptas, que no podrás siempre estar al 100% ni predecir el futuro... en ése momento te volverás una persona más preparada, y el volcán un lugar menos duro, menos agresivo y para nada peligroso. En resumen: el volcán es tan peligroso como nuestra preparación y nuestra prudencia.

A título personal pienso que nunca conquistamos las cimas, somos demasiado pequeños como para decir algo tan pretencioso. Que puedas subir hoy, no significa que puedas subir mañana...

Nos vemos en la cima.