La vida de riesgo, aventura, hormonas y genética

02 de Agosto 2015

Cada día encuentran más pruebas para asegurar que la diferencia en formas de vivir radica en niveles hormonales, que suelen originarse de rasgos puramente genéticos. La mente puede educarse, pero quien no tiene ojos de aventura, aunque le señalen un tremendo atardecer, se queda viendo el marco de la ventana sin ver más allá.
La vida de riesgo, aventura, hormonas y genética
Todo se origina con una pregunta sencilla que proviene de la sociedad convencional: "¿Por qué?", lo cual recibe como respuesta la misma confusión por parte de un aventurero "¿por qué no?". A nosotros nos parece tan absurdo que la gente huya de las emociones, como a ellos, que las busquemos.

Muchas cosas se pueden decir de la aventura, como que para muchos es un refugio donde huyen de algún problema. Esto no suele ser sano pues van con los sentidos nublados. Pero concentrémonos en la vida de aventura de aventureros naturales. Es difícil explicar en términos comunes y en pocas palabras, pero frecuentemente la vida de aventura arroja como resultado, que es nada más que el afán de pasar la vida conociéndote a vos mismo y a los demás. Viviendo hasta morir.

En Guatemala, historias

"Todo comenzó con los Scouts, y pronto me di cuenta que los días sinlluvia, tormenta y sin riesgo me eran los más aburridos… quería más barrancos, más riesgo". "El viaje se volvió una pesadilla, se descompuso el auto y tuvimos que caminar dos horas de noche en la orilla de la carretera. Logramos hacer una llamada y luego esperar a media noche todos alerta. Lo que conversamos esa vez fue distinto a cualquier trivialidad".

"Durante un viaje duro y lleno de incomodidades, pude constatar que no se necesita mucho para ser feliz: un techo, comida, buena compañía y ojos para ver al mundo que nos rodea". Para muchos, su historia de aventura comienza con una excursión a la que fueron quizás no muy convencidos. Para otros, desde niños recuerdan estarse subiendo a todos lados, haciendo equilibrios en la silla, enuna pata, caminando con los ojos cerrados: siempre buscando nuevas sensaciones.

Las hormonas y genética

Es un hecho que los niveles de hormonas (testosterona) implican undeseo mayor de competencia y predisposición a ser emprendedores en elhombre, igualmente en las mujeres. Estudios hormonales confirman queSUELEN destacarse más en deporte, y mucho más, los deportes exigentes,quienes han estado más expuestos a la testosterona durante el embarazoy desarrollo. Algo curiosamente visible en el tamaño del dedo anular frente al dedo medio. Genéticamente, científicos israelíes y norteamericanos han identificado que hay evidencias en un gen ubicado en el cromosoma 11. El D4DR se manifiesta prominentemente en personas de carácter arriesgado.

Socialmente es una ventaja

Si se sabe explotar el afán de aventura, se puede destacar en cualquier medio, solo se trata de encontrar una motivación clara. Sociólogos alrededor del mundo aceptan que sin el deseo de experimentar o arriesgarse, no habría aviones, ni muchos avances tecnológicos. Lamente requiere retos y muchas veces "pilotos de prueba" para llegar más allá.

"Al estar en la cima de un volcán, rodeado de la ausencia de muchas cosas, viene el extraño pensamiento de por qué se necesitan tantas cosas innecesarias para vivir, y entonces recuerdo a quienes sufren por no poder tener cosas y cosasy siento pena por ellos, pues la sola vida debería bastar".

Introspectivamente es conocerse a uno mismo y conocer al mundo

En primer lugar, los aventureros podemos decir mucho de nosotros mismos cuando nos preguntan, no es frecuente que contestemos con el clásico "no sé", pues constantemente hay una conversación interna con uno mismo, conociéndote, viajando cada vez más a los extremos de la propia personalidad. Es conocerse.

En una de esas charlas donde uno intenta explicar el mundo de aventuray el miedo (si lo hay o no), surgió este ejemplo sobre la paz que sealcanza durante los riesgos y ver al mundo en cámara lenta:

En una montaña rusa la primera sensación suele ser de miedo y deautoprotección. Si uno pregunta "¿qué sentiste?", contestarán miedo,cosquillas, etc… y "¿qué viste?", pues al mundo dar vueltas alrededor. Esto suele repetirse, sin embargo un aventurero repetirá varias veces el estímulo, no porque sea adicto, sino porque:

La primera vez sentí cosquillas y vi la línea del horizonte dar vueltas.
La segunda vez pude ver cómo mis manos se movían en dirección del movimiento, por inercia.
La tercera vez, me divertí sintiendo cómo el cuerpo se suspende por un segundo en el momento de estar de cabeza.
La cuarta vez descubrí que si controlo mi respiración, las sensaciones disminuyen y me mantengo sumamente consciente sin sentir cosquillas.
La quinta me divertí viendo a mi vecina de "montaña rusa" y sus expresiones.
Y en cada vez pude notar que el tiempo transcurre más despacio, como en una dulce pausa.
W. Churchil dijo una vez "No hay nada como ver que te dispararon, revisarte y notar que no te dieron".
Si bien no hemos estado probablemente en combate, es durante las peleasd onde confesamos que existe un deseo innato de evitarlas, pero igualmente una fuerza que nos emociona y luego del primer golpe, todo cambia.
¿Violencia?, al contrario. Aunque fisiológicamente el aventurero busque actividades consideradas por su naturaleza como "primitivas" por muchas personas, somos todos en general, seres con una gran capacidad de instrospección y observación, así como contemplación social y de la naturaleza, es decir: frecuentemente apacibles y pacíficos.

Explicar es difícil

En el gremio solemos bromear de las preguntas que nos hacen, cuando como dice alguien en este sitio "si subís un volcán te creen supermán". Pero realmente, parece que es imposible explicar el bienestar de la vida de aventura, viviendo precariamente a veces, a un grupo que no puede vivir si no lo tiene todo, desde la comodidad de su sala viendo TV. Dejémoslo en que cuando te encontrás rodeado de lluvia, montaña, lava, desfiladeros, velocidad... lejos de sentir que conquistás algo y sentirte más... al contrario, te envuelve un extraño sentido de humildad que te recuerda que somos pequeños y nuestros juguetes no nos hacen gigantes.

Explorador

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